Para dar respuesta a una pregunta como esta, tendremos que trasladarnos a cada una de las etapas de la vida.

Especialmente a aquellas donde todo empieza o donde todo arranca y ver como cada una hace su aporte en la formación del individuo, pues no se educa para un momento, tampoco para unos días; cada enseñanza debe ser un legado encarnado en cada momento y cada día, debe persistir en el corazón y en el alma y como si fuera poco debe contribuir a formar el ciudadano del futuro, el hombre del mañana y máxime si concebimos a ese mismo hombre como un ser evolutivo en su manera de pensar e idear su mundo.

Cuando hablamos de educación nos tenemos que trasladar al ser humano como un todo, un ser integral, que debe ser formado para ocupar un lugar en la sociedad; en una sociedad que necesita seres más humanos, más sensibles, aguerridos y luchadores.

No empieza la educación en la escuela y mucho menos en los colegios. La armonía de una familia no la reemplaza los maestros aunque estos con su empeño y amor han logrado albergar en su corazón a pequeños que la vida les negó tener un padre o una madre.

Es el hogar el seno que amamanta al niño en un proceso que se fortalece en la medida que el va creciendo y adquiriendo valores y principios que lo definirán como ser humano, ciudadano, profesional e incluso como padre o madre. La vida es un breve ciclo en la que nuestros hijos serán el reflejo de nuestras enseñanzas y con seguridad serán el resultado de sus decisiones que se verán particularmente influenciadas por la educación que le brindemos en casa.

Puede ser que los padres de un niño no tengan mucho dinero y sus conocimientos sobre etiqueta sean bastante desconocidos, puede incluso que carezcan de ideas sobre biología, historia patria y que escribir su nombre sea lo único que les haya quedado de las pocas veces que visitaron la escuela; pero esto no quiere decir que el niño que allí nace está mal educado puede tener incluso una formación tal que su personalidad le dé un lugar en la sociedad que cualquier persona anhelaría.

Vale aclarar que si bien lo anterior es importante, esto se ve disminuido cuando el niño o el joven es incapaz de percibir el mundo y el universo al no poseer los conceptos que fortalezcan su intelectualidad pero este no debe ser el único fin del ser humano y es allí donde la educación en los entes educativos debe propender por potencializar la riqueza interior del niño o el joven pues son los conocimientos los que hacen embellecer lo que está estructurado desde la casa.

En resumen dentro del hogar formamos cimientos, sentamos bases, construimos vigas y columnas que dan seguridad a la estructura, incluso levantamos muros pero todo esto queda inconcluso cuando no permitimos que el conocimiento realce esas virtudes y ponga en evidencia la grandeza de un ser humano educado de manera integral, de un hombre o una mujer que sale con las herramientas espirituales, morales e intelectuales a ocupar un lugar en esta sociedad.